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 Tragadera.

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Grimmjow Jeagerjaques
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MensajeTema: Tragadera.   Jue Jul 15, 2010 8:57 pm

La muerte... Muchos se preguntan que es la muerte sin ni siquiera comprender el significado de la vida. Las cosas se tornan diferente y se preguntan que es apreciar la vida ajena, cuando ni siquiera se saben apreciar a uno mismo. Las preguntas se crean, como una cadena interminable y las respuestas son escasas, no saben el significado de vivir, sino el de cuestionar. Humanos, animales, seres vivios que solo juzgan sin saber ser juzgado, parten de lo grande sin nisiquiera saber el significado de lo pequeño. ¿Qué es la vida?

Había tenido tiempo de sobra para reflexionar todo eso, sin siquiera aprender a responderse una pregunta tan fácil. Andar en los mares con sobrevivencia mínima y seguir aprendiendo aquello que la gente llamaba "mágia" algo mas complejo sería para él un hechizo; desde el tormento en el barco marine, aprendió a curar sus heridas y a controlar el agua. ¿Era suficiente eso? aún pedía más, sabía que podía con más, su fuerza y poder no habían llegado aún a su límite. Combatío con tibures, pulpos, y con las mas temibles bestias del fondo del mar. Aprendío a comer del oxígeno y también la carne cruda. Su sobrevivencia en aquella lancha salvavidas comenzaba a desesperarle, necesitaba ir a tierra. Guíandose con las corrientes cálidas del mar, creaba un sendero que lo llevará a su destino, varias veces se equivoco, pero aprendío. Aprendío a sobrevivir y a guiarse.

Pasaron cinco tormentosos meses y finalmente el mínimo pedazo de tierra se cruzo en su iris azulina, ese era su destino en ese momento. Babeaba a chorros por comer algo de puerco, pollo, arroz, lo que fuera que no tuviese nada que ver con pescado crudo o marisco. El dulce sabor de licor revoloteaba en su boca; las ansias de llegar a tierra eran terribles. Ya faltaba poco, no podía esperar esos cinco minutos para llegar.

Apresuró el andar de la lancha, acortando el tiempo en dos simples minutos. El olor putrefacto a pescado se había quedado impregnado ya en las aletas de su nariz, el humo de las fábricas pesqueras nublaban su vista. Aspiro profundo y vio como una bendición al repugnante lugar al que había llegado; era su salvación. Saltó de la lancha y con entusiasmo pasaba entre la madera del muelle, se le había olvidado como se sentía caminar con todo el peso de la gravedad sobre él. Magnífico.

Caminó y caminó, hasta llegar a un restaurante "negro", mejor conocido como un bar de mala fama; se sentó en la barra y de un solo jalón paró al barman, quien le miraba con una expresión altanera y superior. Lo dejaría pasar por ese momento, su estómago reclamaba alimento y no era el mejor momento para pelear. -Traeme una cerveza bien fría y la mejor carne que tengas. -Reclamó el joven azulino.

La espera era impaciente, habían pasado ya tres minutos, según el reloj cucú que colgaba a un lado del televisor. El toqueteo del pie de Grimmjow alteraba al barman quien preparaba con toda la calma del mundo la bebida y el alimento del peli azul. Finalmente transcurridos siete minutos su pedido fue servido, se abalanzo contra el pedazo de carne, comiendolo con las manos y de la forma menos decente posible, el jugo recorría la boca del hombre. Daba tragos magestuosos a la cerveza fría, mientras continuaba aborazandose la comida. Sin duda era la gloria.
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Zacarías
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Localización : Buscando a mi señor.

MensajeTema: Re: Tragadera.   Vie Jul 16, 2010 2:15 pm

La soledad afectaba a mi persona. ¿Por qué? ¿Por qué a mi? muchas de esas personas atormentaban mi desequilibrada mente. Décadas que no podía posar mi cabeza en una almohada bien mullida, y mi cuerpo en una cama bien cómoda. ¿Dónde estaría mi señor cuando más se le necesitaba? solo podía rogar al altísimo que me concediese el último deseo, encontrar a mi señor, de una maldita vez. Llevaba ya unos meses en la ciudad, viviendo en la calle y en las azoteas de los edificios de mala manera, tenía el dinero justo para alimentarme, también lo justo, pero era todo lo necesario para vivir de forma " normal " en un sitio así. Me había tocado vivir otra vez la parte desgraciada de mi vida, cuando era pequeño, aunque creo que estaba en mejor posición que actualmente.

La noche asaltaba poco a poco la ciudad, sabía que tendría que volver a dormir en lo alto de un edificio, arropado con mi propia espalda, por lo que, no tenía prisa ninguna por irme a dormir. Mi cristalina vista recorría toda la ciudad desde lo alto del mirador, no tenía nada mejor que hacer que ponerme a mirar la ciudad, no tenía gente con la que hablar, algunas personas, pero casi nunca estaba en contacto con ellas, tampoco me surgía un interés desesperado por estar en contacto continuo con la sociedad, pensaba que era mejor pasármelas solo mirando desde mi sitio favorito que andar haciendo el estúpido que gente por ahí. Alcé la vista apenado y cerré los ojos sintiendo como mi estómago comenzaba a rugir de forma descontrolada, el hambre me llamaba. Metí la mano en mi bolsillo y saqué unos billetes y algunas monedas, lo justo para poder comer de forma decente en un restaurante. Tenía la costumbre de ir a sitios alejados del centro, eran más baratos. Salté desde la barandilla del mirador y comencé a caminar hacia la zona portuaria de la ciudad, había buenos restaurantes por allí, y baratos, aunque de mal augurio.

Cuando mis pies posaron la zona portuaria de la ciudad, una vista bastante curiosa me llamó la atención, era una barca viniendo de la nada desde... ¿la nada? nunca supe lo que había más allá del mar, en mi vida antigua, nunca puse un pie en un barco. Me quedé estático en el lugar viendo como un hombre salía de esta y se metía dentro de un bar. Seguí estático en el mismo lugar por unos instantes aunque después, emprendí de nuevo mi caminata hacia la puerta de ese bar, si se podría llamar puerta, estaba completamente rota y podrida. Alcé la vista y miré el nombre del bar, ilegible por el viejo cartel en el que estaba. Bajé la vista de nuevo y entré en el bar con total naturalidad, como si no pasases nada, con mi falta de sentimientos, como siempre.

Estaba todo hasta arriba de marineros mugrientos y lo típico, mujeres de cuerpos de pánico causando furor entre ellos, era la diversión de la época, en el siglo catorce y quince había cosas de este estilo, pero solían ser más discretas. Me acerqué a la barra, divisando al hombre que se había bajado de la balsa antes, me causaba cierta curiosidad, por lo que, decidí no alejarme demasiado de él. Me senté a dos bancos de su posición en la barra y esperé a que el camarero acabase con lo suyo para que me atendiese. Me miró de mala manera al ser un chaval de aspecto joven, se ve que no recibían visitas de este tipo.

- Quiero una bebida sin alcohol y... - dije mirando de reojo con cierta curiosidad hacia lo que había pedido el hombre de mi lado, no tenía ni santa idea de lo que comer, y no creo que le molestase que comiese lo mismo que él ¿o sí? todo o nada, el hambre me mataba. - Lo mismo que él. - dije bajando un poco en tono de voz, más de lo normal, simplemente por no atraer su atención. El camarero dio un suspiro pesado y se dio la vuelta dirigiéndose a su lugar de trabajo, frustrado por tener que volver a hacer lo mismo, no pensaba retirar mi pedido por las malas maneras de este, es su trabajo, se tenía que aguantar como muchas personas lo hacían en el suyo, aparte que creo que no sea tan difícil preparar una carne.

Minutos más tarde de mi pedido, ya tenía en plato de comida delante de mi, no sabía muy bien como reaccionar ante este, tenía muy buena pinta, y era un plato bastante abundante, no como en los restaurantes refinados que te cobraban un ojo de la cara por un trozo diminuto de carne. Agarré los cubiertos y comencé a comer de forma tranquila, al contrario que muchas de las personas que se encontraban por el lugar, menuda forma de comer más primitiva.
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Tragadera.
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